jueves, 24 de enero de 2013
Anhelando el próximo
José Saramago
martes, 7 de agosto de 2012
De cómo un rito vacío te toca el alma
Uno de ellos es poner la mano sobre el parteluz del pórtico de la Gloria.
La tradición dice que los peregrinos que llegaban cansados de su largo viaje, apoyaban allí su mano para descansar mientras oraban, solicitando con este sencillo gesto, el acceso a la felicidad. La columna tiene unas marcas ya prefiguradas en la piedra como una huella que espera esa mano en una común-unión de todos los peregrinos de todas las épocas.
Actualmente, esta preciosa tradición está prohibida, con la excusa irrisoria de ser un rito vacío y fuera de lugar para el s.XXI.
Hoy hace 4 semanas, que estiré mi mano hacia el parteluz del pórtico de la gloria y aunque no pude tocarlo, la tradición me tocó a mi y mi mano (simbólicamente) se unió a esas millones de manos de otros peregrinos que, como yo, fuimos en la búsqueda de algo, de alguien y sobre todo, de nosotros mismos.
miércoles, 1 de agosto de 2012
Señales
El caso es que aunque las flechas te indican el camino, puedes perderte.
viernes, 13 de julio de 2012
Finisterre y el final del camino
Como ya dije en varias ocasiones, independientemente del deseo de hacer el camino, yo tenía una especial necesidad de encontrar esa fuerza que había perdido y que me tenía a mi perdida en la vida.
Por diferentes circunstancias, yo ya no era la misma persona que siempre fui, pero comencé este año dispuesta a empezar de nuevo y dejar atrás todos los lastres que me arrastraban hacia un abismo cada vez más y más profundo.
Empecé con un viaje a casa, un lapsus en mi vida de adulta para reencontrarme con la infancia y la adolescencia de mi ciudad natal, del colegio que me vio crecer, de los primos de toda la vida, de las amigas de la adolescencia, de la familia en general y de mis hermanos en particular. De aquí salió una mujer triste y con el alma rota y allí volvi a ser la niña que se metía en la cama de sus padres y a disfrutar sin pudor de mimos y abrazos, de ese amor desbordante que mi espíritu necesitaba para comenzar a sanar.
Lo siguiente fue aferrarme a una tradición que siempre me pareció curiosa y que esta vez tuve necesidad de hacer mia. La noche de San Juan, me vestí de blanco, porque es un color que llena el espiritu de renovación y pureza y ayudada por mi hijo y mi sobrino, encendimos una hoguera, donde fui quemando todos y cada uno de los dolores, los temores, los sufrimientos, las traiciones y los malos momentos. Escribí uno a uno en un papel y los quemé.
Y luego vino el camino. Ese camino que desde hacía mucho tiempo deseaba hacer y que ahora se presentaba como una necesidad personal. Y la ¿casualidad? quiso que lo empezara el mismo día de mi cumpleaños.
En el camino me encontré. Encontré mi fuerza, mi tesón, mi energía y mis ganas de seguir adelante cada día aún con dolor, con ampollas en los pies y con la mochila a cuestas. Porque la vida es asi, con ampollas, lluvia, barro y cuestas durísimas o bajadas llenas de piedras que te hacen caer, pero también de sol en la cara, de cerezas dulces y de flores silvestres iluminando la mañana.
Yo esperaba encontrar una especie de revelación interior, algo que me hiciera decir: "era esto". No hubo revelación interior, no hubo cambios notorios (o quizás si), aunque es cierto que mi mochila cada día pesaba menos hasta que llegó el día que ya era parte de mi cuerpo y no la sentía. Supongo que sería el mismo día que me miré en el espejo del baño de un bar del medio del camino y me vi hermosa. Supongo que sería el mismo día que el dolor de la fibro atenazaba mis pies impidiéndome llegar a Santiago estando tan cerquita y sin embargo no podía dejar de sonreír. Supongo que fue el mismo día que al llegar a la Plaza del Obradoiro miré al cielo y dije: "gracias". Supongo que fue el mismo día que supe que había conseguido lo que fui a buscar.
La peregrinación a Finisterre tiene un marcado sentido esotérico. Allí, el peregrino debe quemar las ropas con las que ha caminado tantos días, como símbolo de haber dejado atrás una vida y empezar otra, allí donde el mundo acaba, como un hombre completamente nuevo. Hoy en día, está prohibido quemar cosas, pero yo necesitaba llegar hasta allí y tener mi propio ritual purificador.
Comencé el camino el día de mi cumpleaños. Nada más salir, me encontré un palo que mi hijo peló y talló hasta convertirlo en un hermoso bordón que me dió como regalo de cumpleaños y me sirvió de soporte cada día. Me hubiera gustado mucho traerlo a casa como recuerdo, pero yo ya no era la misma, así que decidí llegar con él al fin del mundo y arrojarlo al mar como un símbolo de mi propio camino.
Porque atrás habían quedado todas esas cosas que me impedían caminar sola y por fin, podía continuar otra vez mi camino. Un nuevo camino.
jueves, 12 de julio de 2012
La (¿delgada?) línea entre el peregrino y el turista
Todo eso lo hice ayer, pero como mi estado físico era lamentable, aún quedaron otros rituales por cumplir.
Esta mañana no había que madrugar ni que caminar, pero como el organismo es una máquina de relojeria perfecta, a las seis ya estaba despierta y a las siete me moría por levantarme y echar a andar.
Primero fuimos a la catedral y tengo que confesar que me sentí muy rara al caminar sin mochila ni baston y que en cuanto crucé a los primeros peregrinos buscando señales en el suelo, me embargó una nostalgia muy muy grande. Hacía menos de 24 horas yo también era una de ellos!!! Mi aspecto exterior era como el de cualquier otro de los cientos de turistas, pero por dentro seguía siendo peregrina. Aún lo era porque aún me faltaban cosas por hacer.
Por primera vez (ayer no tuve fuerzas) entré en la magnifica catedral y pude admirar su belleza. Es... impresionante!!. El pórtico de la Gloria está en obras y la columna donde los antiguos peregrinos ponían la mano para indicar que habían llegado, está vallada. Aún así, yo estiré la mia para decir con el gesto: "He llegado,ya estoy aquí".
De allí fui directamente al camerino de Santiago y nerviosa y emocionada, le di un fuerte abrazo y le susurré "hola" al oido, tras lo cual bajé a buscar un sitio para participar de la misa del peregrino.Despues de la misa, ya estaba todo hecho. Atrás habían quedado los dolores, las ampollas, las cuestas interminables y las flechas amarillas que nos indicaban el camino. De pronto me habia convertido en una turista que recorreria callejuelas y compraria souvenirs para los suyos, cenaría platos tipicos y se extasiaría con las vistas a 360° desde los tejados de la catedral.
Pero no nos engañemos. Yo no era una turista cualquiera. Aunque mi ropa de calle podia insinuarlo, cualquiera que mirara bien, se daría cuenta que mas allá de unos pies hinchados y ampollados que nos siguen delatando, hay algo más. Porque desde que llegamos a Santiago, tenemos un brillo en la mirada y una sonrisa luminosa que nos enseña al mundo como peregrinos. Porque el peregrinaje te deja una marca tan fuerte, tan visible y al mismo tiempo tan invisible, que solo la ve el que sepa mirar.
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Y sobre todo, porque al final del camino aprendemos que el camino nunca acaba y que,pasito a pasito, tenemos que seguir caminando.
lunes, 2 de julio de 2012
De Barcelona a Ponferrada
Despues de volar de Barcelona a Santiago, deambular por un centro comercial y viajar en autobús a Ponferrada, no había manera de sentirme realmente peregrina. Era como si me faltara algo...
Bajamos del bus, nos calzamos las mochilas (al fin) y comenzamos la larga caminata bajo un agobiante calor en dirección al albergue de peregrinos. La caminata es larga porque está un poco retirado y porque para variar, mi fantástico sentido de la orientación no evitô que nos perdiéramos y que ya ese primer día, camináramos el equivalente a un cuarto de etapa. Cuando finalmente llegamos, estrenamos nuestras credenciales con el primer sello y nos zambullimos de cabeza en el Camino.
Pero voy a ser sincera: seguía sin sentirme peregrina.
Del albergue y los hospitaleros no voy a hablar porque me gustaría hacer un post aparte sobre todos los lugares donde duerma. Solo comentar que para primera impresión, resultó inmejorable.
Para alguien que duerme poco y mal en su propia cama, es complicado dormir en otro lado. Si a eso le sumas que tienes que hacerlo rodeada de un montón de desconocidos, que la luz se apaga a las 11, que el movimiento comienza a las 5 y que con el concierto de ronquidos puedes hacer un buen negocio...yo diría que he dormido bastante bien.
Esta mañana nos hemos levantado muy tempranito y despues de una ducha calentita y un buen desayuno, nos hemos calzado las mochilas para empezar el Camino.
En la puerta nos esperaba Fran, el mismo hospitalero que me dió agua fresca nada mas llegar. Me miró a los ojos y con una enorme sonrisa me dijo: "buen camino, peregrina".
Y entonces si. Ya era peregrina. Y esta vez era de verdad.
domingo, 1 de julio de 2012
Estamos en Santiago. Pero no estamos
Hoy me he levantado muy temprano y el día ha comenzado algo...accidentado. En el pueblo estamos de fiesta mayor y mi acompañante del camino es mi adolescente hijo pequeño que ayer no quiso perderse ni la playa con sus amigos, ni el correfoc, ni el posterior concierto y fin de fiesta. Total, que llegó una hora antes de la hora de levantarnos, asi que me costó un mundo levantarlo y ponerlo en marcha.
Las mochilas estaban listas, así que solo tenía que poner su cepillo de dientes y sus lentillas. Ah... y el cargador del IPod. Por supuesto, todo eso se quedó en casa.
En fin, que estamos en Santiago desde hace un par de horas y nos quedan otras dos para irnos a Ponferrada y hemos decidido pasarlas en un centro comercial cercano a la estación de autobuses porque no queremos ver nada de Santiago. Y no, no somos raritos. ( o si...)
Estamos en Santiago, pero no estamos. La escala obligada no nos impedirá llegar a Santiago y ver por primera vez la catedral como manda la tradición: peregrinando.
Estamos listos!!!
jueves, 28 de junio de 2012
miércoles, 27 de junio de 2012
211 km caminando
Desde que comencé a prepararme para el camino, he recibido innumerables comentarios de todo tipo, como el "estás loca" de algunas personas o el "qué valiente" de otras. La gente no acaba de entender que tengas ganas de matarte durante una docena de días caminando bajo un sol de justicia o bajo la lluvia, maldurmiendo mientras compartes habitación y baño con un puñado de completos desconocidos y reventándote los pies con callos y ampollas mientras pasas hambre, sed y agotamiento extremo.
Teniendo en cuenta que no creo que haya que ser valiente (aunque si un poco loco) para recorrer cientos de kilómetros siguiendo el sol hacia el oeste, en mi familia se han escuchado otro tipo de comentarios. Ellos me apoyan completamente ya que conocen mi profundo deseo de demostrarme a mi misma ( y a ellos de paso) que puedo hacerlo. Pero a pesar del apoyo, tienen miedo.
Les da miedo que mi tobillo fracturado hace menos de año y medio y que tanto dolor y limitaciones me ha traído, me pase factura. También temen que un resbalón o una caída tire al traste la excelente y casi completa recuperación. Y por supuesto temen que mi inseparable amiga doña fibro me obligue a emprender el regreso sin haber cumplido mi objetivo.
Yo los entiendo. Pero no comparto su miedo, aunque yo también tenga uno.
El único miedo que tengo es que los 211 km que voy a caminar me sepan a poco. :)





